Ordenación del territorio metropolitano emergente y sus espacios urbanos, rurales y naturales: principios rectores

El AMA está sustentado sobre un extenso mosaico de praderas y bosques, que es resultado de la organización tradicional de base agraria, y constituye uno de los principales argumentos de su calidad ambiental. Este territorio desempeña funciones básicas para el metabolismo metropolitano y la calidad de vida: contenedor de diversidad biológica, proveedor de servicios ambientales, productor de bienes agroalimentarios y organizador del escenario en el que se desenvuelve la vida diaria de sus habitantes.

En este espacio natural o agrario de extraordinario valor, el crecimiento y creciente interconexión de las principales ciudades y núcleos urbanos está haciendo emerger una metrópoli supramunicipal multicéntrica. La principal amenaza para este capital territorial está en su urbanización difusa, esto es, su ocupación discontinua con actividades ajenas a su vocación y propias de las áreas urbanizadas. Además de sus costes en términos de eficiencia energética, competitividad empresarial y cohesión social, estos procesos contribuyen a la fragmentación de los hábitats dañando su biodiversidad, reducen las capacidades agrológicas de los suelos, e introducen desorden y banalización en el paisaje.

Los efectos de la ocupación territorial discontinua se agravan por la orografía del AMA, donde sólo el 15% de su superficie resulta apta para el desarrollo urbano; y de ella, casi el 20% corresponde a cauces o zonas inundables asociadas. Se pone en riesgo así la capacidad del territorio, como recurso natural no renovable, para atender las necesidades de generaciones venideras.

La propuesta principal para la ordenación de este territorio metropolitano es contener la tendencia a la urbanización difusa, especialmente intensa en ciertos espacios aludidos en las secciones III y V (modelo territorial actual). Para ello se propone:

  • Fomentar un modelo urbano compacto, basado en el crecimiento hacia dentro, la regeneración urbana y la eficiencia del uso del suelo.
  • Preservar los espacios rurales y naturales, dignificando el medio rural y el periurbano metropolitano.
  • Impulsar una red metropolitana de infraestructuras verdes.
  • Cuidar y mejorar los paisajes metropolitanos.
Se reconoce el actual sistema multicéntrico de ciudades del AMA como un potencial riesgo, pero que puede ser una valiosa fortaleza siempre que se acompañe de modelos urbanos compactos y se contengan los procesos de difusión urbana. Las ciudades compactas desarrollan eficientemente sus funciones minimizando el consumo de suelo –recurso natural escaso y no renovable–, reducen la dependencia de los modos de transporte motorizados, facilitan los desplazamientos cotidianos a pie o en bicicleta e incorporan la tensión y calidad urbanas necesarias para generar actividad económica y viabilizar la prestación de los servicios públicos, incluido el transporte. Por ello, cuando se trata de satisfacer la demanda de suelo residencial, productivo o de equipamiento, se apuesta por dar prioridad a la regeneración de los tejidos urbanos que presentan síntomas de agotamiento, necesidades de reurbanización, disfunciones u obsolescencia, y a la ocupación de los ámbitos ya urbanizados, frente a la urbanización de nuevo suelo.

Estas operaciones se desarrollarán de acuerdo a los principios de la regeneración urbana integrada, esto es, atendiendo a las dimensiones económicas, ambientales y sociales con una visión global sin que ninguna prevalezca sobre las demás, velando por evitar fenómenos de expulsión de los residentes de menores recursos, reaprovechando el patrimonio edificado en condiciones de ser reutilizado, recuperando los bienes con valor patrimonial cultural y evitando la especulación del suelo. Sus ámbitos prioritarios serán:

  • las áreas urbanas degradadas, obsoletas y necesitadas de operaciones de reforma y revitalización interior, con independencia de su uso predominante;
  • las barriadas y polígonos residenciales de promoción pública y unitaria, levantados entre las décadas de los cincuenta y los ochenta del siglo pasado, que presentan problemas de monofuncionalidad, deficiencias de habitabilidad y de eficiencia térmica en sus edificios, carencia de equipamientos y segregación de la trama urbana a causa de barreras urbanísticas, los cuales en ocasiones les colocan en situación de vulnerabilidad;
  • los enclaves industriales abandonados u obsoletos, y las zonas ambientalmente degradadas asociadas, con frecuencia situadas en emplazamientos de gran accesibilidad y cuyo atractivo se incrementa por atesorar edificios con alto valor patrimonial;
  • las áreas productivas y polígonos industriales maduros, con problemas de saturación, deficiente accesibilidad, y carencia de los servicios urbanísticos y equipamientos que demandan las actividades empresariales actuales; y
  • los suelos ya dotados de urbanización y por tanto en condiciones de ser edificados con fines residenciales o industriales-empresariales.
  • Además, se prestará especial atención a la rehabilitación de los inmuebles interés patrimonial existentes en esos ámbitos, en especial en los centros históricos de villas y ciudades de Asturias. En ámbitos industriales se evaluará su posible interés patrimonial con vistas a garantizar que los elementos en los que concurra sean adecuadamente salvaguardados.

El parque residencial en el AMA supera las 500.000 viviendas, y aunque ha crecido más de un 20% desde 2001, acumula importantes déficit, derivados de su antigüedad –más del 55% supera los 35 años–, su baja accesibilidad –alto porcentaje de edificios sin ascensor y con dificultades para personas con movilidad reducida–, la escasa penetración de la normativa de eficiencia energética –más de las 2/3 partes de los edificios construidos sin sujeción a la misma–, y bajo protagonismo de la rehabilitación y regeneración del patrimonio inmobiliario. Esta situación exige una apuesta por las acciones institucionales concertadas y por la colaboración público-privada para modernizar el parque de vivienda existente en el AMA, rehabilitándolo, haciéndolo más accesible e incorporando medidas de eficiencia energética. Las condiciones de rehabilitación residencial serán consecuentes con el valor patrimonial de los inmuebles sobre los que, en su caso, se actúe.

En el modelo territorial propuesto la expansión urbana respondería a una necesidad acreditada de suelo que la trama urbana existente no sea capaz de atender, y se desarrollará en continuidad con el suelo urbano y bajo unos parámetros de densidad media-alta que, además de procurar la mayor armonía posible en el entorno, racionalicen la nueva artificialización de suelo, minimicen los costes de construcción de las infraestructuras y su posterior mantenimiento, posibiliten la prestación de servicios públicos bajo criterios de eficiencia (incluido el transporte público), y generen espacios de calidad para el encuentro y la relación social.

Asimismo, en congruencia con las debilidades del modelo territorial actual, se identifican ejes de difusión de las funciones metropolitanas, que es preciso contener:

  • 2 internos (Gijón-Oviedo, difusor de usos residenciales, industriales y de servicios; y Gijón-Avilés, más especializado en los usos industriales).
  • 3 hacia el exterior, concretamente 2 hacia el Este (corredores Oviedo-Pola de Siero-Nava y Gijón-Villaviciosa) y 1 hacia el Oeste (Avilés-Piedras Blancas-Muros de Nalón).
  • la expansión residencial periurbana –tanto en suelo urbanizable como no urbanizable– de las periferias de Gijón, Oviedo y Avilés.
Con esta visión del modelo territorial basada en la regeneración, la eficiencia y la compacidad del desarrollo urbano, deben abordarse las intervenciones en espacios urbanos consolidados, como el de Gijón (vinculado a la supresión de la barrera ferroviaria y penetración del ferrocarril), Avilés (orientado a la integración de las vías del ferrocarril, y al desarrollo de la Isla de la Innovación como nuevo macroespacio de centralidad en torno a la ría) y Oviedo (ligada a la ordenación de los espacios vacantes en El Cristo y La Vega). Se trata de lograr entornos amables a la ciudadanía, favorecedores de la cohesión social, la dinamización económica a través de la atracción de innovación, creatividad y talento, y la eficiencia ambiental.
El poblamiento rural es un rasgo identitario y un patrimonio resultado de un sistema de organización agraria tradicional, que a mediados del siglo pasado fue sustituido por una nueva funcionalidad derivada de la industrialización y la terciarización de la economía. Resulta por tanto necesario adecuar la estructura de los núcleos rurales a las exigencias de la nueva realidad territorial, manteniendo sus valores patrimoniales y paisajísticos, y garantizando su eficiencia ambiental, evitando su conversión en áreas residenciales suburbanas de baja densidad. Para ello, se apuesta por:

  • concentrar el uso residencial en el medio rural en los pueblos y asignarles la capacidad edificatoria necesaria para satisfacer las necesidades de sus habitantes, o una capacidad adicional de acogida;
  • otorgar prevalencia a la rehabilitación y puesta en valor del patrimonio edificado de los núcleos rurales, frente a las nuevas construcciones;
  • proteger los testimonios de su morfología y arquitectura tradicionales y de sus espacios públicos en las nuevas intervenciones;
  • priorizar las inversiones públicas en aquellos núcleos identificados como nodos de actividad y dinamismo para garantizar a sus habitantes, y a los de los asentamientos de su entorno, una provisión de servicios públicos equiparable a las zonas urbanas, prestando especial atención a la incorporación de nuevas tecnologías; y ello sin descuidar la atención a las necesidades del conjunto del sistema de poblamiento rural en el AMA.
Asimismo, se señala como objetivo la dignificación de las áreas periurbanas y rurales metropolitanas y la preservación de su paisaje histórico y etnográfico, con las siguientes líneas de actuación:

  • Emancipar al medio rural de su subordinación a las exigencias de las áreas urbanas, protegiéndolo de las tensiones urbanísticas especulativas, disuadiendo la instalación de actividades no vinculadas con su vocación agraria, y evitando su degradación a recipiente de usos residuales sobre suelos de bajo valor de repercusión.
  • Contribuir a su revalorización mediante la protección de los suelos de mayor capacidad agrológica, como las vegas de los ríos.
  • Facilitar la instalación de actividades de producción agroalimentaria, agricultura ecológica, y comercio de proximidad.
  • Ennoblecer las áreas periurbanas de las ciudades mayores con la creación de cinturones y anillos verdes, enlazando enclaves de valor ecológico y paisajístico mediante corredores ambientales. De estos anillos surgen ramificaciones hacia los cascos urbanos (cursos fluviales, paseos arbolados) que aproximan ciudadanía y naturaleza e incrementan la biodiversidad urbana, contribuyendo a regenerar zonas degradadas, y posibilitando recuperar los usos agrarios tradicionales en parques agrarios y huertos urbanos. Con estas operaciones se contribuye asimismo a la ordenación de los bordes urbanos y a la compacidad.
En línea con lo dispuesto en el Convenio Europeo del Paisaje, ratificado por el Reino de España en noviembre de 2007 (BOE de 5 de febrero de 2008), reconocer la importancia para la calidad de vida de los paisajes metropolitanos como escenario en el que se desarrolla la actividad cotidiana del 85% de la población asturiana, la necesidad de incorporar su consideración transversal en el planeamiento territorial y urbano y la oportunidad de formular planes orientados a la protección, gestión y ordenación de los paisajes, estableciendo objetivos de calidad paisajística.

La Red Verde de Asturias se concreta en el AMA como Red Metropolitana de Infraestructuras Verdes, que ha de tener un carácter básico, integrador e indispensable, conectando y atribuyendo carácter de red a los espacios protegidos pendientes de articulación entre sí. A los espacios naturales actualmente existentes y al gran activo territorial del litoral, ambos con un alto nivel de preservación en Asturias, se unen nuevas categorías que pretenden abarcar toda la riqueza ambiental del Área Metropolitana:

  • Los parques periurbanos, definidos como ámbitos en la proximidad de los grandes núcleos de población, que cuentan con valores paisajísticos, naturales o culturales de cierta relevancia y posibilidades de acoger actividades de uso público y esparcimiento en el medio natural. Se proponen los parques periurbanos de las Cuencas, Naranco-Nora, Gorfolí, Areo y Deva-Fario.
  • Las microrreservas, entendidas como áreas de dimensiones reducidas que albergan hábitats raros o amenazados y la flora y fauna ligada a esos medios, e igualmente hábitats que, aunque puedan ser frecuentes en las áreas mejor conservadas de la región, resultan escasos en el Área Metropolitana.

La conectividad entre los diversos espacios para su funcionamiento integrado se procurará a través de los corredores fluviales definidos por los ríos principales: Nalón, Lena, Aller, Caudal, Nora y Noreña. Por su longitud, disposición medular y estructurante de una amplia extensión del territorio metropolitano, suministrador del agua a la mayor parte de la población asturiana, y volumen de actividades residenciales y productivas situadas en el entorno de su cauce, el río Nalón desde su nacimiento hasta su desembocadura ocupará una posición preeminente en la red. La planificación y ordenación irá orientada a la protección de su cuenca, recuperación de su carácter natural, obtención de caudales ecológicos y el buen estado de sus aguas. El sistema en su conjunto se concibe igualmente como una herramienta de contención del desarrollo urbano difuso, a la vez que de salvaguarda y detención de la pérdida de la biodiversidad.