Promoción de ciudades más integradoras e innovadoras

Persisten en las ciudades del Área Metropolitana de Asturias barrios segregados desde el punto de vista espacial en términos de accesibilidad, acceso a las dotaciones públicas (zonas verdes, infraestructuras, equipamientos) y también en su dimensión social, por concentrar   población vulnerable o directamente excluida. Esta situación es incompatible con el modelo de ciudad cohesionado defendido en estas propuestas de directrices, y la cohesión social es una condición básica para configurar entornos urbanos integradores y no excluyentes, habitables y atractivos para vivir, trabajar y generar actividad y empleo, y favorecedores de la creatividad y el florecimiento del talento.

Las condiciones que se proponen para lograr áreas urbanas innovadoras y socialmente cohesionadas son:

  • Diversidad social: una composición variada de personas, unidades de convivencia, colectivos y organizaciones, con múltiples intereses, perfiles formativos y culturales, variedad de grupos de edad y niveles de ingresos, en contra de la uniformidad y la endogamia de las áreas residenciales selectivas en función de la capacidad de acceso a la vivienda, llevadas al extremo en las urbanizaciones cerradas.
  • Proximidad de funciones: la vitalidad de las comunidades urbanas básicas, los barrios, requiere la cercanía de sus funciones, especialmente las comerciales, con los establecimientos de consumo cotidiano cumpliendo un papel fundamental como lugares de encuentro y relación vecinal. Calles, plazas, parques del entorno cercano han de mantenerse y, cuando sea posible, rescatarse del tráfico rodado para facilitar su uso habitual. También la cercanía de los espacios vinculados a la cultura, las nuevas tecnologías, la investigación y el conocimiento científico, y su interpenetración en los barrios de las ciudades, animan la riqueza e intercambio de ideas y conocimiento, y la creatividad urbana.
  • Accesibilidad: desde las viviendas hasta los espacios públicos y el transporte, y dentro de las propias unidades residenciales y equipamientos. La permanencia de barreras arquitectónicas y urbanísticas afecta a un sector cada vez más amplio de la población y especialmente a las personas mayores, impidiéndoles una relación normalizada y autónoma con su entorno, y un desenvolvimiento adecuado de sus necesidades y preferencias como personas, por la inadaptación de espacios. Las DAC promueven la aplicación de los principios del diseño universal en el proyecto y ejecución de los espacios y los edificios públicos, y el impulso necesario a proyectos residenciales adaptados a las necesidades de las personas mayores, propiciando entornos urbanos amables para todas las edades.
  • Integración territorial: el aislamiento físico de un barrio es un factor inductor de su marginalidad y la de las personas que lo habitan. La lejanía, la dificultad de acceso, la existencia de “murallas” levantadas por las infraestructuras, pueden estigmatizar un barrio determinado, y generar problemas de inestabilidad e inseguridad que afectan al conjunto de la vida ciudadana.
  • Suficiencia y calidad de servicios públicos: factor clave de igualdad de oportunidades, con independencia del nivel de rentas, es la posibilidad de disponer de un buen nivel de servicios públicos, garantes de la protección del derecho universal a la salud, a la educación y a los servicios sociales, que deben gestionarse desde el territorio asegurando la adecuada cobertura de equipamientos públicos para su prestación, con criterios de accesibilidad y proximidad.
  • Diversificación de las formas de acceso a la vivienda: superando la sustancial prevalencia del régimen de propiedad y propiciando otras formas que garanticen mayores facilidades para hacer efectivo el derecho a una vivienda digna, a la vez que un mayor margen de adaptación a las necesidades cambiantes de la familia a lo largo de la vida, como puede ser el impulso a la promoción en alquiler.
  • Identidad: en demasiadas ocasiones los barrios carecen de elementos de referencia físicos o inmateriales, relacionados con la historia o la cultura, con los que sus habitantes puedan identificarse positivamente. La identidad de un lugar facilita el sentido de pertenencia e integración de las personas y los grupos sociales y fomenta su nivel de responsabilidad y compromiso con el entorno.
  • Estética urbana: un diseño cuidadoso de los paisajes urbanos y de su arquitectura favorecen comportamientos socialmente positivos; por el contrario, el descuido y el abandono producen espacios vacíos de vida, inseguros y degradados.
  • Puesta en valor del patrimonio cultural: como factor capaz de generar entornos urbanos de mayor calidad y dinamismo. Son muchas las experiencias de “Smart Cities” ligadas a la puesta en valor de bienes patrimoniales que pueden tomarse como referencia para el planteamiento de políticas activas de promoción e integración.
  • Participación social: un espacio urbano integrado no es posible sin que las personas que lo habitan tengan la posibilidad de tomar parte en las decisiones que afectan al entorno en el que se desarrolla su vida cotidiana. Esta opción requiere trascender los actuales cauces formales de participación y promover un entendimiento por la ciudadanía de la problemática urbanística basado en la calidad y la intensidad de las relaciones vecinales.