Delimitación del ámbito de actuación: Principado de Asturias.

Delimitación del ámbito de actuación: Principado de Asturias.

El paisaje vegetal asturiano es tanto resultado de la acción antrópica secular como de las condiciones naturales, puesto que la deforestación para cultivos o pasto y las repoblaciones con especies alóctonas (pino y eucalipto sobre todo) han cambiado el bosque autóctono que en alguna época lejana debió cubrir el solar regional.

Pueden distinguirse distintas áreas de vegetación potencial, en pisos relacionados fundamentalmente con la altitud, pero matizados por las condiciones locales de suelo y clima: basal (zonas costeras, valles bajos y surco prelitoral, coincidiendo con las condiciones óptimas para la agricultura), montano y supraforestal (>1.500 m).

La calidad general del suelo para el cultivo no es buena: los suelos puramente agrícolas apenas suponen el 5% de la superficie, correspondiendo con vegas de río, partes de la rasa costera y del surco prelitoral; de hecho, estos suelos, al encontrarse en los terrenos más llanos, compiten en uso con la urbanización. Aproximadamente la mitad del suelo asturiano está clasificado como de potencial exclusivamente para usos forestal y pastizal.

Los usos del suelo en Asturias quedan profundamente condicionados por la capacidad agrológica; así, considerada en su conjunto, todavía reflejan los condicionantes naturales y las transformaciones acumuladas de la acción antrópica secular: cerca del 60% del territorio es “terreno forestal, arbustivo y de matorral” y un 30% se dedica a prados y pastizales.

Merece destacarse la importancia que en el suelo y subsuelo regional tienen la minería, los yacimientos minerales y las aguas minerales y termales, recursos naturales integrados en el sustrato territorial regional cuyo aprovechamiento tiene una singular importancia estratégica y económica.

La alta calidad ambiental de la región es una ventaja competitiva respecto otras comunidades autónomas de nuestro entorno, y las medidas de protección han contribuido al temperado relativo del impacto de la burbuja inmobiliaria, que en otras regiones ha tenido efectos devastadores. Entre 1987 y 2006., el crecimiento de las superficies artificiales es muy inferior a la media nacional (30% frente a un 52% para España), aunque similar a la del resto del Eje Cantábrico.

En cuanto a la franja costera, no experimenta una ocupación artificial intensa; puede afirmarse que es una de las provincias con menor ocupación, tanto de la franja litoral de 2 kilómetros como en la de 10.

Asturias es la quinta comunidad autónoma en porcentaje de superficie integrada en Espacios Naturales Protegidos (ENP), muy por encima de la media nacional (21,4% de Asturias, frente a un 12,9% de media).

La Cantábrica es actualmente una de las costas mejor conservadas del país y su ocupación artificial es inferior a la del conjunto de España, aunque son varias las amenazas que afronta.

  • Del total de las áreas artificiales del primer kilómetro de franja costera asturiana en el 2006, un 39% estaba ocupado por tejido urbano continuo y un 36,25% por tejido urbano discontinuo.
  • Las zonas de cultivos forestales (eucaliptos) transforman un paisaje por sustitución de vegetación autóctona y usos rurales tradicionales.

En el litoral asturiano existen zonas muy transformadas, como la ría de Avilés, o el litoral de Gijón, con una fuerte presencia industrial, una importante urbanización intensiva y extensiva que se expande por los concejos limítrofes, y una incidencia muy significativa de los puertos de Gijón (Musel) y Avilés en el crecimiento económico municipal, regional y estatal, adicionalmente a su importancia desde el punto de vista deportivo y de embarcaciones recreativas. También hay que destacar la importante transformación que las autovías han significado para el litoral, tanto en su parte oriental, como con la occidental, a medida que se van abriendo al tráfico nuevos tramos de autovías, infraestructuras que aumentan la accesibilidad y generan tensiones urbanizadoras en espacios cada vez más amplios de las costas de la región.

Su situación es notablemente mejor que la media española, y los trabajos realizados en la última década han contribuido muy positivamente a esa mejora

Saneamiento y depuración de aguas: el 85% de la población equivalente total asturiana cuenta con sistemas de depuración conformes a las normas vigentes, situándose el Principado entre las comunidades autónomas con valores más elevados al respecto, que serán del 96% cuando entre en funcionamiento la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) de Gijón Este.

Las estadísticas del INE para el año 2012, último disponible, calculaban que la proporción de residuos recogidos selectivamente y clasificados era del 25% en Asturias, siete puntos por encima de la media de España, que se situaba en el 18%. Asturias destacaba significativamente sobre la media nacional en lo referente a residuos de la construcción y demolición, papel, cartón y vidrio. En relación con los residuos industriales, las cifras del INE para 2010 destacan que en Asturias (2.235 kg/hab y año y 586 kg/millón de PIB industrial) casi duplican a la media española (1.071 kg/hab y año y 327 kg/millón de PIB industrial), siendo sólo superada por Castilla y León en ambos indicadores y también por la Comunidad Valenciana y Galicia en el índice por PIB industrial. Ello está muy relacionado con el tipo de industrias predominantes en estas Comunidades Autónomas.

En el Principado de Asturias se ha producido una sustancial mejora en las condiciones de calidad de su aire y una reducción muy apreciable en los niveles de emisión de contaminación atmosférica y de gases de efecto invernadero. Esta reducción está muy directamente ligada al mayor control industrial, con mayor presencia en el sector de las mejores tecnologías disponibles, y a la implantación de las autorizaciones ambientales integradas, empleo de combustibles menos contaminantes, mejoras técnicas en los vehículos y también, de forma muy especial, a la progresiva sustitución de calefacciones de carbón en muchos municipios asturianos, contribuyendo la crisis también, al disminuir la actividad, a la reducción de emisiones.

No obstante, en la actualidad persisten problemas asociados, sobre todo, a la emisión de partículas (PM10), lo que justifica la adopción de  planes de calidad del aire en la aglomeración de Gijón y Oriente de Carreño, y otro en la zona central de Asturias. En cuanto a la industria asturiana en el sector de efluentes del aire, se han establecido rigurosas medidas correctoras en las autorizaciones ambientales integradas de las principales empresas con emisiones a la atmósfera.

Con respecto a las emisiones de gases de efecto invernadero, el Principado de Asturias, junto con Castilla y León, Galicia y Aragón, son las únicas comunidades autónomas que han cumplido con el compromiso adquirido por España en el Protocolo de Kioto (el 115 % de las emisiones de 1990). Aunque Asturias es una de las regiones más intensivas en emisiones, tanto por la presencia de centrales térmicas de carbón como por la composición del sector de industrias básicas, es la comunidad autónoma con disminución de emisiones respecto del año base de 1990.

La existencia de un relieve abrupto aumenta la presión urbanística sobre las llanuras aluviales; y la progresiva ocupación de estas zonas por la edificación da lugar a importantes efectos negativos que se manifiestan en un aumento directo del riesgo de inundaciones en las zonas ocupadas.

Otro de los riesgos antrópicos más reseñables es el de los incendios forestales. En el sector Noroeste de la Península en el que se incluye Asturias, en el periodo 2001-2010 el 70,26% de los siniestros fueron intencionados y el 10,23% se debieron a negligencias.

Finalmente, Asturias se encuentra entre las regiones europeas que se pueden considerar de máximo impacto potencial, mínima capacidad de adaptación y máxima vulnerabilidad ante el cambio climático. Especialmente vulnerables son los territorios litorales, las rías, los puertos, por el impacto de las olas extremas, y las playas, que son también uno de los ecosistemas más sensibles a los efectos del cambio climático, especialmente por el retroceso de la línea de costa. Los humedales, marismas y las playas constituidas por arenas más finas y que reciben las olas más grandes, serán aquellas que experimenten el mayor retroceso.