¿Por qué unas directrices?

Las directrices territoriales para el Principado de Asturias son la pieza básica del proceso de ordenación global de la región. Pero para asegurar su relevancia es preciso que estén actualizadas y sean capaces de anticipar respuestas a los problemas futuros. Es por ello que se requiere una actualización continua de las mismas y que fruto de un análisis y reflexión de la realidad existente en cada momento se definan los nuevos retos, objetivos y prioridades del territorio.

Se trata, por tanto, de superar las aprobadas en el año 1991, dando así cumplimiento a lo previsto el apartado 1 del artículo 96 del Decreto 278/2007, de 4 de diciembre, por el que se aprueba el Reglamento de Ordenación del Territorio y Urbanismo de Asturias (ROTU), sobre tramitación de dichos instrumentos de planificación territorial.

El Consejo de Gobierno del Principado de Asturias acordó, en virtud de lo dispuesto en el artículo 95 del ROTU, y en ejercicio de su competencia exclusiva sobre la materia, iniciar el procedimiento para la revisión de las vigentes Directrices Regionales de Ordenación del Territorio y la formulación de las Directrices Subregionales del Área Central, encargando esas tareas a la Consejería de Infraestructuras, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente.

El carácter pionero de las Directrices Regionales de Ordenación del Territorio vigentes radica en el hecho de ser el primer instrumento de ordenación del territorio a escala regional aprobado en España. Su contribución al desarrollo y bienestar de la ciudadanía asturiana viene asociado a haber constituido la base sobre la que se han articulado posteriores documentos de planificación territorial, como el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales (PORNA), el Plan de Ordenación del Litoral (POLA), o planes de incidencia supramunicipal, que han contribuido a mantener en valor un patrimonio territorial y humano. No se pueden dejar de valorar medidas derivadas de este proceso temprano de ordenación del territorio que, como por ejemplo la protección de la trasformación urbanística de la franja litoral, han sido también innovadoras en la planificación territorial, evitando el deterioro de las costas asturianas padecidos en otras Comunidades Autónomas.

Las DROT componen con las Directrices Subregionales de Ordenación del Territorio del Área Central de Asturias (DAC), que se tramitan en paralelo, un planeamiento territorial integrado, coherente y complementario en sus respectivas determinaciones, fruto de su elaboración simultánea en la fase de avance. El documento de Avance de las Directrices del Área Central ha salido a información pública el pasado 22 de marzo de 2016.

Asimismo, por lo que se refiere al planeamiento territorial, las DROT se alinean con los principios y determinaciones expresados en los siguientes actos legislativos del acervo de la Unión Europea:

  • Perspectiva europea de ordenación territorial. Hacia un desarrollo espacial equilibrado y sostenible del territorio de la Unión Europea. Conclusiones del Consejo informal de Ministros responsables de la ordenación territorial, Postdam, 10 y 11 de mayo de 1999.
  • Agenda Territorial de la Unión Europea 2020. Hacia una sociedad integradora, inteligente y sostenible para una Europa de Regiones diversas. Acordada en la reunión ministerial informal de Ministros responsables de Ordenación del Territorio y Desarrollo Territorial el 19 de mayo 2011 en Gödöllő, Hungría.

La experiencia acumulada durante la vigencia de las DROT1991 permite identificar una serie de circunstancias que han dificultado su aplicación y que, entre otras, fundamenta la conveniencia y oportunidad de su revisión. Se han formulado objeciones a las DROT1991, como que contienen unos criterios excesivamente generales de ordenación territorial, siendo necesario que las DROT revisadas elaboren criterios más precisos ante los nuevos problemas, capacidades, limitaciones, potencialidades y riesgos del territorio asturiano. También se ha señalado que su planteamiento básico de reequilibrio territorial y desarrollo armónico resultó insuficiente, en gran parte por la excesiva generalidad de sus planteamientos y orientaciones en relación con los concejos de muchas de las Directrices. Y que las DROT1991 no han logrado revertir la primacía de la intervención sectorial, común a otras muchas comunidades autónomas. La utilización de los Programas de Actuación Territorial como soporte de los Programas o Planes de inversión sectorial no ha sido la norma; y no se ha planteado con carácter general la realización de Evaluaciones de Impacto Estructural para establecer los efectos territoriales de las actuaciones previamente a su realización.

Otra objeción se centra en que la organización del territorio según áreas funcionales propuesta por las DROT1991 no se ha desarrollado en los términos previstos, de manera que ni coincide con muchas de las mancomunidades creadas por los Ayuntamientos para gestionar sus servicios (Comarca de la Sidra, Consorcio de la Montaña Central, Mancomunidad del Cabo Peñas o Valle del Ese-Entrecabos, por ejemplo) ni fue siempre adoptada por la propia Administración Regional; la excepción es la referencia de las agregaciones estadísticas de carácter supramunicipal, centralizadas en SADEI.

Los profundos cambios operados en las últimas dos décadas han dejado una impronta patente sobre el territorio asturiano:

  • El desequilibrio centro-alas –cuya corrección constituía uno de los objetivos básicos de las DROT1991– se ha superado en buena medida desde las políticas de proyección territorial, pero se ha dado paso a un esquema asimétrico, con un acusado diferencial de desarrollo económico y demográfico entre el Oriente y el Suroccidente;
  • El conglomerado central de ciudades conocido hace tres décadas como ocho asturiano se ha convertido en una auténtica área metropolitana multipolar;
  • Los núcleos urbanos y la franja litoral continúan atrayendo población en detrimento de las comarcas mineras y las áreas de dominante rural;
  • La apertura de nuevas infraestructuras de transporte no contempladas en las DROT1991 ha puesto en carga territorios y núcleos urbanos, trastocando el sistema de poblamiento; y
  • El mapa de las dotaciones públicas y privadas (educativas, sanitarias, culturales, etc.) se ha ido completando, si bien no siempre de manera planificada y con perspectiva regional, anteponiéndose a veces la oportunidad económica y el interés local.

Por otra parte, pese al indudable acierto de la elaboración de las DROT de 1991, es innegable  que la situación del Principado, de España, de la Unión Europea (UE) y del conjunto del planeta, en 2016, difiere muy sensiblemente de la que era hace un cuarto de siglo, cuando se redactaron. Los crecientes procesos de globalización socioeconómica; la agravada dinámica ambiental, con un planeta que ve cómo sus equilibrios ambientales básicos se ven sobrepasados por el consumo y el deterioro generado por una humanidad también creciente en magnitud y en grado de urbanización, etc.; todo ello puede afectar negativamente al patrimonio territorial del Principado.

Nos enfrentamos a un mundo con problemas territoriales y ambientales cuyas consecuencias son globales. Y muchos de estos problemas van agravándose, hasta llegar a un nivel en el que se producen cambios cualitativos que hacen a esos problemas de muy costosa solución, o irreversibles. El cambio climático, la contaminación en las ciudades, la pérdida de biodiversidad o el deterioro del agua, son problemas globales asumidos y que han hecho que se pongan en marcha estrategias, programas y convenios que tratan de avanzar en su solución. También están los problemas derivados de las transformaciones territoriales, de los usos del suelo, del paisaje (abandono del medio rural, desertización, degradación de las costas, etc.). Sin embargo, esos problemas ambientales y territoriales no siempre son considerados ni analizados con la misma intensidad ni conciencia social que los problemas de índole económica, aunque unos y otros están intrínsecamente interrelacionados. La política ambiental es también intrínsecamente territorial y difícilmente se pueden solucionar muchos de los problemas ambientales y desafíos climáticos si no se actúa y se prevén los procesos de transformación territorial en los que se producen. El territorio es asiento de actividad económica, y de su calidad física, paisajística y ambiental dependerá la capacidad de crecimiento, innovación y acogida de nuevas iniciativas generadoras de actividad y empleo.

Es cada vez más clara la necesidad de un enfoque integral de los problemas y de sus soluciones, considerar un horizonte centrado en el largo plazo, asegurar un adecuado proceso de información y participación pública y, en particular, conseguir que la ordenación del territorio incorpore de forma correcta los procesos de trasformación que se están produciendo en la sociedad actual, permitiendo establecer un marco adecuado de evaluación y priorización de actuaciones -entre las alternativas posibles- y la selección de las más adecuadas que respondan al interés general de la población actual y futura, y que aseguren a la vez que el progreso económico y la sostenibilidad en el tiempo del patrimonio territorial (natural y cultural) es parte inseparable del patrimonio de una sociedad. Todo ello  aconseja desde Asturias a abordar unas nuevas DROT que contribuyan a esos fines y en lo posible, a revertir la negativa dinámica socioeconómica actual, alineándose con los retos y desafíos del siglo XXI.